Image Alt
episodio 6

Los hechos y pistas / Buenaventura

Bitácora

Buenaventura, 2019.

Otro atentado más y ni una sola pista, ni muertos, ni nada.

Algo le está pasando a Julia y bueno a nosotros, no se que pensar de esta relación.

Mi vida pierde sentido con cada nueva búsqueda. Yeny está jodida y no puede salir adelante.

 

Facebook
Twitter
*Por Samia González

Al oeste de Boyacá

En 1819, tres años después de que España lograra reconquistar en gran medida sus territorios en las indias, una arremetida brutal de los pueblos bajo su dominio la obligó a olvidarse para siempre de sus colonias en América. Durante casi un quinquenio, el occidente colombiano fue el escenario de guerras independentistas hasta que finalmente se cerró el ciclo colonial.

El 7 de agosto de 1819 es considerado en la historia tradicional colombiana como el día en el que se consolidó la victoria ‘patriota’ y el fin de la dominación española en la Nueva Granada. Lo cierto es que el centro oriente del país fue el único territorio que quedó controlado desde ese momento por los republicanos. Sin embargo también es cierto que la victoria de Boyacá fue estratégica; un golpe a la moral de los realistas que pronto buscaron salir de la Nueva Granada. Pero en otras regiones el dominio militar, político y administrativo español todavía era una realidad. Uno de ellos fue el occidente colombiano, la región que hoy llamamos Pacífico, que en ese momento lejos estaba de ser escenario de paz. Ni siquiera el océano le prestaba el nombre, pues todavía a éste muchos le denominaban ‘mar del zur’. En el territorio, que se dividía para la época entre las provincias del Chocó y la Gobernación de Popayán, se desarrolló un proceso de independencia que pasó de largo por 1819 hasta su culminación total en 1824. Por ello, encajar este proceso en la ‘campaña libertadora de 1819’, es una idea surgida más desde el relato centralista fundacional del país, que de lo que sucedió en la región. ¿Pero qué caracterizó este momento? Podríamos decir a grandes rasgos que toda una serie de conflictividades protagonizadas por los múltiples actores e intereses que había alrededor de los dos proyectos capitales: la continuidad de la colonia, o la incertidumbre de la república.

La historia tradicional nos contaba hasta hace poco las gestas de grandes personajes como Bolívar, Santander, etc. Siempre los acontecimientos, pocas veces los procesos. Sin embargo, la historiografía reciente nos cuenta que en el occidente de lo que hoy es Colombia, se vivió un proceso independentista marcado por conflictos geopolíticos entre diferentes provincias que luchaban por mayor autonomía y/o por mantener sus privilegios, lo que hizo que tomaran uno u otro bando en la confrontación. Algunas pugnas venían desde finales del siglo XVIII, e involucraban hacia el sur a las élites pastusas y payanesas (e incluso a la de Quito), las cuales, con algunas excepciones, tomaron partido por el bando realista. 

En el Valle del Cauca por el contrario, los grupos de poder ansiosos de cortar el cordón umbilical con Popayán, lucharon en el bando patriota. Y un proceso más sui generis se vivió en el Chocó pues, aunque hay pocos trabajos historiográficos de la época, algunos autores consideran que “el Chocó se liberó solo”, ya que poco apoyo recibió de los ‘patriotas’ que se concentraron en el centro del país. Un ejemplo de esto lo tenemos en el hecho de que en 1816 en el sitio conocido como Remolino de Murrí vecinos chocoanos resistieron la embestida de los peninsulares con Julián Bayer a la cabeza, que intentaban entrar por el Atrato hacia el Valle del Cauca, después de haber doblegado a Cartagena. Esta fue una de las oportunidades en las que los chocoanos ganaron, aunque en otras perdieron, casi sin participación de los ejércitos republicanos, épicas batallas; gestas poco narradas en el resto del país.

Para entender cómo se vivió este proceso es importante dar un repaso a la vida colonial de la región, su importancia como sede de producción minera, las tensiones entre provincias, e incluso lo que significó la composición demográfica de la misma, en donde las mayorías reposaban entre los ‘libres de todos los colores’, los esclavos y los indios. Así que, de quiénes iba a ‘echar mano’ cualquiera de los dos proyectos para ganar la guerra? De los que tuvieran el peso que da el número.

Y como todo hay que decirlo, es claro que España había usado a sus dominios en Indias con una finalidad únicamente extractiva. La península se había dedicado a sacar de América todo lo que pudiera. El principal producto que se ‘exportaba’ para la metrópoli era el oro, y la región occidental del país se había convertido desde el siglo XVIII y aún en el XIX, en un poderoso centro minero. 

La Gobernación de Popayán comenzaba en Anserma [nuevo] y recorría Cartago, Toro, Buga, Cali, Caloto, e iba hasta el sur en la provincia de Los Pastos, incluyendo a las provincias auríferas de la costa Pacífica: Barbacoas, Iscuandé, Micay, etc. La provincia del Chocó, al norte, era también muy importante para la abundante producción aurífera que iba a parar a las arcas de la Corona, y eso sin poder medir la evasión y el contrabando, que si tenemos en cuenta las medidas tomadas por España se suponían importantes. Citará y el cantón de Nóvita en el Chocó, eran los centros poblados de territorios de reales de minas en donde se practicaba la minería de aluvión (Colmenares, 1979; Velásquez Murillo, 1961). 

Ser un importante centro minero decretó la composición demográfica de la región. Aunque en el Chocó los esclavos, o si se permite la acepción moderna esclavizados, habían sido la mayoría poblacional, hacia finales del siglo XVIII y en el siguiente, el predominio lo tenían los “libres de todos los colores”, personas a las que se les denominaba de esta manera por no estar sometidas a esclavitud pues eran producto de las uniones entre negros, indios y blancos; ellos eran: zambos, mulatos, pardos, mestizos pobres, etc. Le seguían en porcentaje los esclavos, después los indios, y por último una pequeña minoría blanca (Sharp, 1976).   

En la Gobernación de Popayán también sucedía lo mismo con los “libres de colores”, con la diferencia de que el grupo poblacional que les seguía en proporción eran los indios, los blancos a continuación y cerraban los esclavizados; esto es según el padrón de 1797 (Gutiérrez Ramos, 2007). 

Como la historiografía reciente muestra fueron las capas más bajas de la pirámide social las que conformaron el grueso de los ejércitos, quienes iban a los frentes de batalla. En la región no hubo excepción: se dio una marcada y visible participación de la gente de las castas, llamados ahora grupos populares o subalternos, en todo el proceso independentista. Unos y otros se alinearon con los bandos que les ofrecían permanecer o mejorar sus condiciones de vida. Por ello, el republicanismo generó una fuerte resistencia hacia el sur. Los cimarrones del Patía por ejemplo, se alinearon con los ejércitos realistas e igualmente hicieron en Pasto; aunque en la provincia de Los Pastos (que no es la misma), hubo apoyos a los patriotas.

¿Antagonismos entre ciudades o intereses económicos?

¿Pero qué pasaba? ¿Por qué tanto Popayán como Pasto lucharon por la permanencia del dominio español? Pues según recientes investigaciones históricas una de las motivaciones de la participación de Pasto como aliada de la causa realista, era que esta provincia buscaba autonomía de las gobernaciones de Quito y de Popayán. Esto es notable cuando los pastusos solicitan a la corona que los erija en jurisdicción autónoma liberándolos de Quito y Popayán, como se puede leer en la carta del Cabildo de Pasto al Rey en 1809: “Los de Quito siempre han sido nuestros rivales por haber cooperado nuestros progenitores a la contención y castigo de sus desvíos, y en lo presente será más constante y mortífera su enemistad” (Gutiérrez Ramos, 2012). Tanto es así que, hacia 1819 cuando avanza el proyecto independentista y se viene abajo el realista, Pasto consigue como premio por ser ‘fidelísima ciudad’, que la corona le permita el manejo de las Cajas Reales y la Casa de la Moneda, las cuales fueron trasladadas desde Popayán. 

El caso de Cali, da muestra también de esos antagonismos entre ciudades, y de cómo los intereses de los grupos de poder determinaron en muchos casos cuál era el partido que se debía tomar en el largo proceso de independencia. Es por esto que Cali declara el 3 de Julio de 1810 la independencia de Popayán, para lo que busca el acompañamiento de las Ciudades Amigas o Confederadas: Cartago, Toro, Anserma, Buga y Caloto, pues era también el momento oportuno para alcanzar las riendas político administrativas de la región. Popayán que era la capital de la gobernación va a buscar regresar a estas provincias al dominio del rey, y de paso al propio.

Los intereses de las élites, del clero y el pueblo llano

En los casos mencionados se puede observar por qué ciertas provincias se situaron en alguno de los bandos de la confrontación, y es que esto obedecía también a que los pueblos seguían los intereses de sus élites. En el Valle y en el norte del Cauca, las ciudades se habían unido buscando autonomía en oposición a Popayán, de la mano de los grupos representados por Cayzedo y Cuero, Cabal, y otros, quienes en el periodo de la temprana república (que algunos denominan patria boba) habían luchado y conseguido imponerse como aliados republicanos ante la realista Popayán.

Hacia el sur, la provincia de Pasto, también era liderada entre otras por la familia Santacruz, que se opuso al proyecto republicano. Mucho se ha escrito en la historia tradicional acerca del apoyo casi sin vacilaciones de este pueblo a la monarquía, casi siempre las explicaciones han buscado estigmatizar a los pastusos, pero la participación de esta provincia en las guerras de independencia tuvo tres principales motivaciones según el historiador Jairo Gutiérrez Ramos: 

1. Las élites defendían una precaria autonomía regional y política, que se había mantenido por su aislamiento geográfico y marginalidad política.

2. A la vez buscaban un mejor estatus sociopolítico de la ciudad, pues en su contexto regional, las riendas las habían llevado hasta el momento la gobernación de Popayán y la Audiencia de Quito. 

3. Y una tercera razón estribaba en que las clases populares de la provincia habían obtenido unas relativas conquistas sociales, o mejor, tenían un sistema conocido y estable que pretendían mantener, mientas la ‘paz republicana’ representaba la incertidumbre. 

Por otra parte, también se puede destacar la participación del clero en la orientación del pueblo hacia alguno de los bandos en disputa. Es así como por ejemplo para el caso de Pasto, es notable que una de las figuras clericales de la época, el Obispo Jiménez de Enciso, ayudó a radicalizar el pensamiento de los pastusos en favor del rey.

En el Cauca actual, otros de los más aguerridos luchadores por la causa española fueron los cimarrones del Patía, quienes convirtieron a esta región en una fortaleza realista y en un dolor de cabeza para quien intentara cruzarla. También a Bolívar le fue difícil pasarla. Tanto es así que consiguió, pero con muchas bajas de su ejército, cruzar esta región en 1821 y llegar hasta Pasto, en donde lo esperaba otro peligro inminente y decidió negociar con los realistas de la ciudad. Pues sí, los cimarrones del Patía, que ya se habían liberado a sí mismos y que habían luchado contra el dominio colonial, fueron realistas, preferían la dominación española, quizá porque buscaban el mantenimiento del statu quo, que les garantizara la permanencia de su libertad y propiedad de sus territorios (Zuluaga, 1993)

En el caso del Chocó es notable como desde las primeras épocas delegados de las élites avecindadas en el Chocó participaron activamente en la Junta Suprema de Santafé de Bogotá; y en febrero de 1813 emiten su acta de independencia. Por su parte, Nóvita aprovechó el momento para saltar de ser cantón para convertirse en provincia, y entre tanto, los esclavos fueron llamados a la guerra para luchar al lado de los españoles pues estos habían hecho una atractiva propuesta y era declarar ciudadanos (es decir libres) a todos los que combatieran por la –también le llamaban así- ‘patria’ (Velásquez Murillo, 1987). Más adelante Bolívar hizo igualmente promesas para liberar a los esclavizados y estos asumieron el señuelo de la libertad para entregar la vida por una promesa que como sabemos no se cumplió. 

Algunos personajes de las guerras por la independencia en la región poco conocidos…

Tomás Pérez, líder republicano en la Provincia del Chocó condenado por haberse alzado en armas contra el rey Don Fernando VII. En Febrero de 1816, tropas del ejército realista intentaban ingresar al Valle del Cauca por el Atrato y fueron repelidas por un grupo de chocoanos que tenían poco armamento pero estaban ubicados desde un estratégico punto: el cruce de Remolino de Murrí. Posteriormente los realistas lograron tomarse Quibdó, y en seguida ofrecieron cien patacones por su captura. Cuando es apresado, confiesa haber sido uno de los más vigorosos combatientes en Murrí y es condenado a que su cabeza sea colgada entre los ríos Quito y Atrato. Finalmente fue ejecutado a la edad de 35 años, el 14 de junio de 1816.

 

Agustín Agualongo fue un artesano indígena, que entre 1823 y 1824 lideró una guerrilla en Pasto intentando reinstalar el gobierno realista. Él, en compañía de Estanislao Merchancano y Benito Boves reunió un ejército de cerca de 800 campesinos, indios y mestizos que lucharon contra el dominio patriota. Este grupo que pertenecía a las clases populares pastusas estaba en contra del proyecto republicano, pues no quería perder las condiciones económicas, sociales y culturales de la vida colonial que había llevado hasta el momento. Después de una primera rebelión, Bolívar, exasperado por lo que creía era una terquedad de los pastusos, envía a las tropas republicanas en diciembre de 1822 a destruir la ciudad de Pasto, en un hecho lamentable que pasó a la historia como “la navidad negra”.

Miguel Buch, combatiente republicano de origen español, había sido nombrado gobernador en Antioquia en 1814 y posteriormente fue uno de los más decididos por la causa de la independencia en el Chocó. Luchó en el Fuerte de Murrí, pero después de la segunda batalla en este sitio estratégico en 1816, que terminó en derrota para los chocoanos, fue apresado en Nóvita y enviado a prisión a Bogotá, calabozo que compartió con Francisco José de Caldas, ambos fusilados.

Juan Runnel, mercenario inglés que conformó una ‘guerrilla’ entre los años 1816 y 1820, con la que robaba y cometía actos de pillaje a los hacendados del Valle, y no contento con eso, estimulaba sublevaciones de esclavizados. Según documentos de la época es posible que Runnel hubiera combatido entre las filas del ejército realista en 1816. Lo que sí es claro, es que finalmente se unió a las filas del ejército patriota en la región y participó en la Batalla de San Juanito en Buga en 1819. Hacia 1820 tomó el control de Cali, cuando los realistas amenazaron con tomarse la ciudad y en ese mismo año se unió a la Campaña del Sur emprendida por Simón Bolívar para luchar por la causa patriota en esas provincias que todavía eran leales a la Corona. 

En general se puede decir que el proceso independentista en la región después de la temprana república se llevó mucho tiempo más que en el centro – oriente, y tuvo avances y retrocesos en un lapso aproximado de 9 años desde 1816, hasta llegar al desenlace de las guerrillas realistas de Pasto en 1824 con Agustín Agualongo como líder, vencidas finalmente por un joven general, un tal Tomás Cipriano de Mosquera.